Diez años del Incipit: indicadores, bienestar, cuidados

El Incipit es, también, un experimento de organización científica

Felipe Criado-Boado
23/11/2020

Hace unos meses el Incipit cumplió diez años. A pesar de que la primera etapa del Incipit coincidió con la Gran Recesión, cuyos efectos se sintieron especialmente en la ciencia española, el Incipit se ha estabilizado y crecido, ha ganado visibilidad nacional e internacional, y es un socio de referencia en muchos proyectos internacionales muy dinámicos.

En el año 2014 el Incipit contaba con 19 personas; fuimos 37 en el 2017, 54 en total durante el 2019 y 54 en plantilla con las incorporaciones previstas ahora mismo.

Entre 2014 y 2018 se produjeron 375 publicaciones de las cuales 192 (51%) son de alto impacto. La participación en Congresos alcanzó un total de 313 de los cuales 128 (41%) son considerados de calidad alta. Estos datos derivan del PCO, la productividad por cumplimiento de objetivos con la que el CSIC evalúa anualmente a sus institutos de investigación. Son cuantitativa y cualitativamente relevantes para un instituto de nuestro tamaño, que no pertenece a ninguno de los campos de financiación prioritaria (no somos STEM) y que, además, destina mucho esfuerzo a la interrelación y procesos de co-construcción de conocimiento con las comunidades con las que trabajamos. La presencia del Incipit en Europa y fuera de Europa es elevada. Actualmente tiene proyectos abiertos en varios países americanos (Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay), africanos (Senegal, Etiopía y Somalilandia) y Mongolia. Esta distribución de actividad implica la necesidad de adaptarse de forma flexible a entornos de trabajo distintos e integrar relaciones con personas y agentes muy diferentes.

La consolidación del Incipit fue resultado de la productividad científica y técnica de su gente. Pero también lo fue de un modelo de organización que favorece la creación de estructuras de colaboración dentro del instituto y de redes de interrelación fuera de él. Una “anomalía” poco frecuente dentro de un sistema español, en el que a menudo las capacidades están desmigajadas entre grupos de investigación minúsculos, es que el Incipit tiene un único grupo de investigación. Esto fuerza la identificación entre la estrategia de grupo y la capacidad del instituto. Permite aprovechar mejor la masa crítica existente, incrementar sus efectos sinérgicos compartiendo trabajo y esfuerzos, información y datos, e incorporar al personal que llega al Incipit a través de proyectos de diferentes convocatorias. Con ello se facilita la alineación del Incipit con las tendencias actuales que requieren la aglutinación y organización de masas críticas suficientes para responder a los retos de la ciencia actual y a las exigencias de relevancia social implicadas en el compromiso con el giro hacia una ciencia pública, ciudadana o postnormal (en el sentido de Funtowicz y Ravetz).

La identidad entre instituto y grupo de investigación es el medio y el resultado de un modelo organizativo que el Incipit mantuvo desde su creación. Se puso en marcha con el apoyo de especialistas internacionales en organización como Charles Heckscher (Rutgers University, EEUU) y Carlos Martín-Ríos (Ecole hôtelière de Lausanne, Suiza). En vez de tener una estructura convencional y estática, el Incipit trabaja de forma matricial, adaptándose a las condiciones de entorno y al aflujo de proyectos y actividad, para lo que utiliza como ejes organizativos los conceptos de operaciones (formas de organizar la actividad del instituto, sean proyectos, actividades o eventos), y especialidades (una forma abierta de agrupar a las personas que comparten una misma disciplina e identidad profesional). La plena organización interna del instituto es algo aun pendiente, que afrontamos ahora una vez el Incipit ha sido reconocido como instituto normal del CSIC (hace un año) y afrontamos la ocupación de una nueva sede y la elaboración de un nuevo plan estratégico. Pero las bases para todo ello están claras.

Las especialidades crean el primer espacio de sociabilidad e intercambio con las personas afines dentro del instituto; atienden a las necesidades concretas de desarrollo curricular que tiene cada disciplina para evitar que el trabajo transdisciplinar penalice las oportunidades futuras, las carreras científicas o técnicas y las opciones de empleabilidad de nuestra gente. El instituto se completa con unidades (grupos funcionales que realizan hacia fuera y hacia dentro servicios especiales de apoyo tecnológico), laboratorios (que aúnan infraestructuras y capacidades científico-técnicas para investigaciones específicas) y servicios horizontales transversales (sobre los que se apoya la actividad investigadora, y cuyo desarrollo es una de las prioridades del instituto). Los órganos de gobierno, puestos en el seno de esta estructura matricial y sin renunciar a su función de liderazgo, son entidades de servicio al proyecto colectivo del instituto y de sus miembros.

Todo organismo afronta antes o después el problema de cómo articular su estrategia con su organización, sin que la robustez de una de ellas merme la flexibilidad de la otra. La respuesta del Incipit, provisional y cambiante, se basa en la convicción de que la fórmula organizativa debe conciliar activamente el respeto a la autonomía de las personas que constituyen el instituto y la potenciación de su desempeño personal e institucional, con la capacidad de acción conjunta de un instituto. Dentro de una organización científica, nada es peor que introducir estrategias de competitividad negativa entre los miembros de la misma. El principio funcional debe ser, en cambio, promover la colaboración interna para competir mejor fuera.

Gracias posiblemente a su pequeño tamaño, su situación periférica, la edad media de su personal, su procedencia de campos disciplinares y lugares de formación muy dispares, y la disposición para afrontar retos, el Incipit es, también, un experimento de organización científica. Lo bueno de los experimentos es que son perfectibles. Mantener ese carácter experimental sirve para adaptarse y para anticipar los problemas a los que se enfrenta una entidad científica comprometida con la producción de valor para contribuir al bienestar de nuestra sociedad y con la construcción de un modelo organizativo que prioriza los cuidados a todas las personas involucradas.