¿Qué hace el Incipit en los sitios donde está?

Reflexiones sobre la investigación y su impacto en lugares y comunidades.

Una de las características del Incipit es la diversidad de sus proyectos, que tratan desde el patrimonio, la divulgación y la transferencia de conocimiento, a las etnografías, excavaciones y prospecciones. Hay investigaciones individuales y grandes proyectos, en medios rurales y urbanos, de unos pocos meses a múltiples años de duración, y que tratan desde el Neolítico a la actualidad. De Santiago a Somalilandia y de Babia a Latinoamérica, el Incipit está presente en cuatro continentes y en contextos muy distintos.

Como investigadorxs es necesario reflexionar respecto a lo que hacemos y cómo lo hacemos, pero también sobre dónde lo hacemos y el impacto que nuestro trabajo tiene en esos sitios y sobre las comunidades que allí residen. Los lugares en que trabajamos no son simplemente espacios cartesianos, minas de datos de importancia meramente logística, sino lugares vivos que inevitablemente se ven afectados por nuestras investigaciones. Este impacto varía enormemente dependiendo de la naturaleza del proyecto (corto/largo, arqueología/antropología/patrimonio, estudio de cuestiones recientes/antiguas), del tipo de sitio en que trabajamos y de las comunidades que en él residen (rural/urbano, móvil/sedentario) y de la relación entre investigador y la comunidad (local/nacional/extranjero, igualdad/desigualdad económica, contexto colonial o no, etc.). Además, nuestras interacciones con los lugares en que trabajamos no parten nunca de un punto neutro sino de condiciones estructurales pre-existentes, incluyendo las relaciones asimétricas derivadas de los orígenes coloniales tanto de la Arqueología como de la Antropología.

Esto nos llevó, en la pasada Red Incipit 2020, a debatir las distintas dimensiones del impacto que tiene el Incipit en los lugares donde trabaja y a reflexionar respecto a los distintos mecanismos y estrategias que nuestros investigadores e investigadoras han adoptado para gestionarlo. Para ello, invitamos a cinco ponentes (César Parcero, Jorge de Torres, David González Álvarez, Cecilia dal Zovo y Cristina Tejedor) que compartieron sus experiencias en Chile, Somalilandia, Babia, Mongolia y Briviesca (Burgos).

En esta mesa quisimos reflexionar respecto a las distintas dimensiones del impacto que tiene el Incipit en los lugares donde está y respecto a cómo abordarlo: ¿Es posible disminuir las relaciones de desiguales que habitualmente caracterizan la producción académica y su relación con la comunidad? ¿Qué formas debe tomar nuestro trabajo para evitar el extractivismo? ¿Podemos realizar un trabajo horizontal sin el uso de la autoridad del discurso académico? ¿Hay métodos o experiencias que lo hayan conseguido? Considerando los distintos tipos de proyectos ¿qué y quién es la comunidad en cada caso?

En estas ponencias, y en el debate que siguió se trató una gran diversidad de aspectos, que confirman la centralidad e importancia del tema escogido: hablamos de las distintas escalas de nuestro impacto (local, regional, nacional), de la multiplicidad de comunidades a las que afecta nuestro trabajo (y de la dificultad de identificarlas cuando nuestro trabajo se realiza remotamente y/o no tiene una comunidad local obvia) y de cómo las limitaciones derivadas de las condiciones estructurales del investigador/a pueden a su vez limitar la capacidad de planificar y ejecutar programas comunitarios. Hablamos también de la pluralidad y heterogeneidad de lo que por simplificar llamamos ‘comunidad’ y de cómo ésta a su vez influye en, y hace uso de nuestro trabajo, de manera autónoma. El debate fue variado, animado y plural, y reforzó la necesidad de disponer de las infraestructuras y recursos - pero también de las estructuras conceptuales- que hagan posible incluir estas reflexiones en el diseño inicial de los proyectos.