Buscando a ROSA

Una obsesión después de intentar hacer arqueología con grafitis

Aviso: Esto es una historia de amor no correspondido. La espina clavada que traje de Atenas tras año y medio de estancia. Y como desde mi terraza siento a veces un poco de morriña, os la voy a contar.


A mediados de marzo de 2018 fui un par de días a Atenas para preparar mi aterrizaje esa primavera. Tocaban dieciocho meses de estancia por delante y aunque encontrar una casa económica y adecuada se iba a hacer más difícil de lo que esperaba, al menos tenía un colchón sobre el que caer. En griego se dice «κουμπάρα», y es algo así como una hermana política después de ser testigo en su boda. Me propuso organizar algo sobre tags en Atenas para un evento que había a finales de mayo. No supe decir que no.

Eso de los tags es una versión extendida del grafiti. Pintadas, pegatinas y demás formas de marcar el espacio urbano. En el fondo, lo que queríamos era hacer un mapeo participativo de varias calles del centro de Atenas —en concreto 14 para cubrir dos turnos durante una semana— para problematizar el debate que entonces existía sobre el tema en la ciudad desde una perspectiva arqueológica.

Preparamos unas fichas muy chulas, lanzamos el anuncio, y el primer día no vino nadie… Pero bueno, eso no era motivo para desanimarse del todo y empecé a documentar una de las calles. Había un montón de elementos, de todo tipo: placas, pintadas, dibujos, anuncios, pegatinas de cerrajeros, carteles… supongo que uno no se da cuenta de la cantidad de elementos que tiene delante hasta que les tiene que asignar unidades.

La metodología era muy sencilla. Una calle representaba un yacimiento. Cada número de portal era un sector y, si fuese necesario, se establecían varias zonas dentro de cada sector. Cada elemento, cada tag, era una unidad. Al describirla, se anotaba el tipo, color, tamaño, incluso sus relaciones estratigráficas, ya que en muchas ocasiones unos cortaban a otros y era posible reconstruir una cronología, incluso por años. Cada sector que terminaba me daba cuenta de que había bastante potencial didáctico en la experiencia. Y, por suerte, poco a poco se sumó gente a la experiencia y pudimos ponerlo en práctica.

Entonces, sucedió. Estábamos documentando una fachada en la calle Ermou, a la altura casi de Monastiraki. En una de las columnas se había pintado sobre la pared y solo se entreveía en la parte baja el final de una pintada. Yo ya había visto eso antes, completo esa misma mañana. Era un grafiti de una tal ROSA. Saqué el móvil, busqué la foto, y solté un discurso sobre cómo la arqueología cuenta con un registro parcial de la realidad, pero que unos yacimientos con otros van completando un dibujo que al final es bastante más claro. En ese yacimiento teníamos solo un fragmento de un todo, que gracias al yacimiento de la mañana podíamos interpretar con certeza.

Al terminar, fuimos a tomar una cerveza y vi de nuevo a ROSA un par de veces. «¿Veis? Aquí está de nuevo» les decía. Volviendo a casa no hacía más que ver a ROSA por todas partes. Uno de los aspectos que más me interesaba era ver la territorialidad y las temáticas, por su hubiera alguna relación. Podía ver como ciertas firmas estaban solo en unas calles concretas mientras que otras se distribuían por toda la ciudad. ROSA era una de ellas, estaba en todas partes. Empezó como una broma, pero lo cierto es que me obsesioné con ella. La actividad terminó y cada vez que paseaba por la ciudad la seguía viendo en todos los rincones. Subí un día a Tesalónica para preparar el trabajo de campo y allí estaba también. Fui unos días al Épiro con un amigo para echarle una mano con su proyecto —aunque realmente fue más una semana de vacaciones disfrazadas de prospección— y la vi también en Ioánina. ¿Cómo era posible que estuviese en todas partes? No podía evitar leer las paredes allá donde estuviera, como cuando prospectaba arte rupestre y me daban ganas de subirme a cualquier abrigo que veía desde el coche.

Las semanas pasaban y solo el fin del verano pudo apaciguar esa obsesión. Medio en broma medio en serio llegué a poner un mensaje en Facebook preguntando por ella. En mi imaginación, nos encontraríamos un atardecer en Exarchia y me llevaría a pintar algo con ella. Yo pondría mi nombre junto al suyo y añadiríamos una nueva capa a la estratigrafía de ese sector…

Aún pienso en ella cuando vuelvo sobre ese trabajo. La he idealizado tanto que seguramente me decepcionaría encontrarla. Pero sigo pensando que sería bonito. La actividad me gustó mucho en todo caso y estoy esperando volver a tener una excusa para ponerla en práctica de nuevo, donde sea, con quien sea. Tal vez encuentre otra ROSA con la que obsesionarme.