Resumen
En las últimas dos décadas, la arqueología ha avanzado mucho en la caracterización de múltiples aspectos de las prácticas sociales de las comunidades de la Edad del Hierro en el Noroeste ibérico. Disponemos de datos cada vez más abundantes, resultado de intervenciones conducidas por diferentes equipos de investigación, junto a actuaciones desarrolladas en el ámbito de la arqueología preventiva. Sin embargo, la abrumadora mayoría de información disponible para este período procede únicamente del interior de los poblados castreños. Esto contrasta con la escasa y muy fragmentaria información existente fuera de ellos, pese a que sabemos que ésta fue una época de creciente impacto humano sobre el paisaje. En las últimas décadas la realización de nuevos trabajos arqueológicos y la progresiva incorporación de nuevas metodologías de prospección han venido a modificar el panorama. Por ejemplo, el recurso a distintas formas de teledetección está permitiendo identificar un número significativo de nuevos posibles vestigios arqueológicos que ilustran evidencias más allá del interior de los castros entendidos como asentamientos pequeños, sencillos y relativamente aislados, pertenecientes a comunidades autosuficientes completamente delimitadas por los límites de las murallas. Algunos de estos nuevos hallazgos están demostrando que, en muchos casos, la arquitectura de los yacimientos era más compleja o que pueden existir espacios de actividad distintos a los poblados fortificados.