A menudo, amigos y familiares me preguntan en qué consiste mi trabajo, y siempre me resulta muy difícil explicarlo, más allá de decir que soy investigador. Con esta pieza intento responder a esta temida pregunta. Es cierto que soy investigador, y lo llevo siendo muchos años. Como las cosas se entienden mejor a través de sus nombres, diré que investigo en tecnologías semánticas y patrimonio cultural. Este es el nombre de la línea de investigación que puse en marcha hace muchos años, y en la que continúo trabajando hoy.Este nombre alude, por un lado, a las tecnologías semánticas. La semántica es, grosso modo, la relación entre las palabras que usamos y las cosas a las que se refieren. Por ejemplo, cuando digo “Me impresiona ese monumento”, señalando a la catedral de Santiago de Compostela, la semántica es la relación que existe entre “ese monumento” y la catedral que tengo delante. La semántica ha sido, tradicionalmente, parte de la lingüística y, en España, parte de la filología, a pesar de que otras ciencias también estudian el significado desde diferentes ópticas, como la psicología, la filosofía, o la informática. Pues bien, las tecnologías semánticas son las aplicaciones que podemos hacer de la semántica para resolver problemas prácticos. Por ejemplo, el traductor automático Google Translate que muchos usamos a menudo es una tecnología semántica.Por otro lado, el nombre de mi línea de investigación alude al patrimonio cultural. Según CHARM, el patrimonio cultural es el conjunto de cosas que representan nuestros valores culturales y que, además, nos pueden dar beneficios (no necesariamente económicos) en el futuro. Habitualmente entendemos el patrimonio cultural como aquellas cosas que deseamos conservar porque son una herencia del pasado y representan, de algún modo, valores, eventos, o situaciones que deseamos recordar y que las futuras generaciones deben recordar también. He usado la palabra “representar” varias veces, y esto apunta, precisamente, a la semántica del párrafo anterior.Cuando trabajamos con patrimonio cultural, vemos que se crea, se modifica e incluso se destruye en virtud de discursos determinados. Por ejemplo, todos consideramos que la catedral de Santiago de Compostela es parte de nuestro patrimonio cultural porque así lo explican y justifican una serie de discursos que consideramos válidos. De este modo, los discursos y, en particular, la semántica, son quienes soportan los procesos de patrimonialización y conformación del patrimonio cultural. Así pues, la línea de investigación en tecnologías semánticas y patrimonio cultural pretende comprender cómo las cosas llegan a ser patrimonio a través de los discursos, argumentaciones y significados que se construyen, y cómo estas cosas, una vez que son patrimonio cultural, son recibidas, modificadas e interpretadas por parte de diferentes grupos a través de nuevos discursos, argumentaciones y significados.Por ejemplo, imaginemos que alguien dice que “es necesario mantener las misas en la Catedral porque somos una cultura enraizada en el catolicismo, y no hacerlo sería renunciar a nuestros valores fundamentales”. Podemos estudiar esta declaración desde un punto de vista discursivo, fijándonos en qué quiere decir el hablante, a qué cosas del mundo se refiere (a la Catedral, pero también al catolicismo, a nuestra cultura y a nuestros valores), y cómo justifica lo que demanda (no debemos renunciar a nuestros valores). Para poder hacer esto de forma sistemática y científica, necesitamos, por un lado, poder representar el mundo (o pequeñas parcelas del mundo) de forma simplificada y rigurosa y, por otro lado, poder analizar el discurso también de forma rigurosa y fiable. Para dar respuesta a estas dos necesidades tenemos, por un lado, el modelado conceptual, una técnica nacida dentro de la ingeniería de software pero que hoy se utiliza para construir y manejar representaciones rigurosas en muchas áreas distintas, como la biomedicina o las ciencias jurídicas. Y, por otro lado, tenemos el análisis del discurso, un conjunto de técnicas que nos ayudan a descomponer un discurso en sus elementos básicos y a comprender cómo funciona en términos de estructura, significado, argumentación y contexto social.Como es evidente, investigar sobre patrimonio cultural de esta manera nos obliga a trabajar con disciplinas diferentes (ingeniería de software, filosofía del lenguaje, lingüística, estudios de patrimonio), que a menudo se consideran alejadas y poco conectadas entre sí. Para conseguir esto, hemos apostado por una estrategia de coinvestigación transdisciplinar. Por “coinvestigación” queremos decir que investigamos en dos o más disciplinas, generamos nuevo conocimiento en todas ellas, y publicamos nuestros resultados en revistas y congresos científicos propios de todas ellas. Por “transdisciplinar” queremos decir que este avance simultáneo se produce gracias a que el trabajo en cada una de las disciplinas involucradas no solo avanza el estado de la cuestión en esa disciplina, sino que, además, ayuda a avanzarlo en las demás. Por ejemplo, entre 2018 y 2020 llevamos a cabo un proyecto en el que aplicamos el estándar ISO/IEC 24744 sobre metodologías de desarrollo de software para construir una metodología colaborativa de trabajo etnográfico. Esto avanzó el estado de la cuestión en metodologías etnográficas. Al mismo tiempo, la experiencia nos reveló que existían aspectos, como la toma de decisiones consensuadas o la modificación dinámica de la metodología mientras se aplica, que no estaban contempladas por ISO/IEC 24744, de modo que propusimos una mejora al estándar, lo cual avanza el estado de la cuestión en ingeniería de software. Es poco probable que esta mejora en el estándar se hubiese producido de no haber sido aplicado a un campo humanístico. Y, de forma similar, es poco probable que el mundo de las metodologías etnográficas colaborativas hubiese avanzado como avanzó de no haber aplicado un estándar del mundo de la ingeniería de software.Esta forma de trabajar, como es obvio, tira por tierra cualquier paradigma disciplinar, ya que es incompatible con la organización tradicional de la ciencia en torno a áreas o campos de actividad claros y perfectamente delimitados. Aunque el Incipit siempre ha sido un centro orientado a problema, y muy receptivo y eficaz a la hora de albergar especialistas de campos diversos, los sistemas de ciencia español, europeo e internacional casi nunca son capaces de comprender y gestionar adecuadamente las formas de trabajar verdaderamente transdisciplinares. Para mitigar este problema, desde la línea de Tecnologías Semánticas y Patrimonio Cultural hemos construido una red de colaboradores externos con los que trabajamos de forma estrecha y continuada.Para empezar, Patricia Martín-Rodilla, profesora de ingeniería de software en la Universidade de A Coruña, colabora con nosotros en asuntos relativos al modelado conceptual y a la extracción de información discursiva. Martín Pereira-Fariña, profesor de filosofía del lenguaje en la Universidade de Santiago de Compostela, y Beatriz Calderón-Cerrato, investigadora en lingüística, trabajan con nosotros en asuntos relativos al análisis argumental y discursivo. Isabel Cobas-Fernández, arqueóloga y profesora de educación secundaria, colabora con nosotros para estudiar los discursos patrimoniales de niños y jóvenes. Leticia Tobalina, arqueóloga e investigadora de la Casa de Velázquez, trabaja con nosotros en aspectos de vaguedad de la información en modelado conceptual. Otras personas, como Alejandro López y Raquel Liceras, están comenzando también a trabajar con nosotros en asuntos relacionados con diversos usos de los discursos patrimoniales. También debemos agradecer su colaboración a muchas otras personas, nacionales e internacionales, como Antonio Vallecillo, Brian Henderson-Sellers, Charlotte Hug, Chris Reed, Elea Giménez, Fátima Díez, Jeremy Huggett, Juan Antonio Barceló, Manuel Miguéns, Maria Elena Castiello, Nacho Vidal, Óscar Pastor, Pablo Gamallo, Rebeca Blanco, Ruth Varela o Xabier Larrucea. Y, por supuesto, a los colegas del Incipit, que siempre se muestran abiertos a colaboraciones e intercambios entre disciplinas diferentes.Por otro lado, siempre hemos querido que nuestro trabajo en esta línea de investigación fuese de amplio espectro. Es decir, casi todo lo que hacemos abarca investigación teórica, investigación metodológica, desarrollo tecnológico, y construcción de herramientas basadas en lo anterior. De este modo, las herramientas que producimos tienen un sólido apoyo teórico y metodológico, y las teorías que elaboramos no son meras especulaciones sobre papel sino que, al ser implementadas de forma concreta, son contrastadas y puestas a prueba en situaciones reales. A lo largo de los años, hemos desarrollado tecnologías y herramientas como ConML, CHARM, Bundt, KaleidoScapes, Cabila, IAT/ML o LogosLink, todos ellos disponibles públicamente (o lo estarán en breve), y todos ellos sostenidos por desarrollos teóricos propios o en colaboración.
A modo de resumen final, puedo decir que la línea de investigación de Tecnologías Semánticas y Patrimonio Cultural busca comprender y asistir los procesos de generación y modificación de conocimiento que se producen en relación con el patrimonio cultural mediante la representación de éste y el análisis de los discursos que lo vehiculan.