Arqueoloxía da festa: Escavando os sedimentos sonoros do abandono

El proyecto rastrea mediante el sonido las huellas de un campo da festa abandonado.

Del 22 de octubre al 23 de noviembre, el Museo Centro Gaiás de la Cidade da Cultura de Galicia acoge “Arqueoloxía da festa”, una instalación multimodal que expande el concepto de prospección arqueológica. A través del sonido como herramienta principal, este proyecto de Matilde Meireles e Iñigo Sánchez-Fuarros revela las capas temporales ocultas de un campo da festa abandonado en Portomouro (Val do Dubra), donde los vestigios de celebraciones pasadas se entrelazan gradualmente con el mundo más-que-humano.

Cuando el silencio habla: sonidos de lo abandonado


¿Qué permanece cuando termina la fiesta? Esta pregunta aparentemente simple esconde múltiples capas de significado. Durante doce meses, un grupo de investigadoras del INCIPIT liderados por Matilde e Iñigo observó en el campo de fiesta de Portomouro, un espacio liminar que dejó de ser escenario de celebraciones para convertirse en territorio de negociación entre lo humano y lo natural.

El resultado final de esta investigación no se limita a documentar ruinas: rastrea sedimentos acústicos, esas huellas temporales que los paisajes guardan en forma de sonido. Combinando arqueología sónica con etnografía, el proyecto emplea técnicas de grabación extendida que trascienden los límites de la escucha cotidiana.

Una excavación tecnológica y sensorial


Al entrar en la instalación, los visitantes se encuentran con un bucle de vídeo generado mediante escaneo LiDAR, una tecnología de detección remota que mapea el espacio tridimensional a través de pulsos láser. Esta 'excavación' tecnológica documenta los gestos lentos de la transformación: cómo la naturaleza absorbe gradualmente las estructuras humanas, cómo los límites se vuelven porosos, cómo lo abandonado muta en algo nuevo.

Pero la verdadera riqueza sensorial reside en el sistema de audio de cuatro canales que rodea al visitante. El paisaje sonoro se mueve fluidamente entre grabaciones de campo reconocibles —canto de pájaros, rumor de coches, agua corriente— y texturas sónicas abstractas capturadas mediante métodos de grabación extendida. Micrófonos de contacto presionados contra hormigón en ruinas grabaron vibraciones estructurales que revelan la vida interna de los materiales en decadencia. Geófonos enterrados en el suelo captaron movimientos subsuperficiales, mientras que hidrófonos sumergidos en el río Tambre documentaron la vida acuática reclamando canales alterados por los humanos.

Antenas VLF y sensores electromagnéticos captaron señales invisibles que atraviesan constantemente el espacio, y detectores de murciélagos sonificaron los movimientos de estos animales nocturnos, añadiendo una dimensión ultrasónica al paisaje acústico del abandono.

Estos sonidos enredados y coexistentes se despliegan lentamente, con patrones de interferencia electromagnética que se convierten en frases rítmicas, mientras el viento en el metal forma un zumbido suave en constante evolución.

La materia como memoria


Estratificada con esta arqueología sónica, la instalación incluye un vídeo que documenta la transformación del lugar a lo largo del año de observación. Las imágenes revelan la notable agencia de las fuerzas no humanas: cómo la vegetación suaviza rápidamente los bordes arquitectónicos, cómo los hongos establecen relaciones complejas con materiales humanos, cómo las inundaciones estacionales redibujan los límites entre lo construido y lo natural.

Los artefactos físicos recuperados del lugar —viejas botellas de refrescos y cerveza, retazos de telas y plásticos que resuenan como huellas de celebraciones pasadas— anclan la experiencia en la evidencia material, dialogando con los testimonios de vecinas y vecinos que construyeron y vivenciaron el campo de fiesta. Estos objetos no ilustran la decadencia: demuestran cómo la materia misma se convierte en una forma de almacenamiento de memoria.

La destrucción como proceso creativo


Arqueoloxía da festa pregunta qué podemos aprender escuchando atentamente lugares abandonados. El trabajo abraza el concepto de «destrucción productiva»: cómo la ruina disuelve formas originales mientras genera otras nuevas. A medida que las estructuras se deterioran, sus propiedades acústicas se transforman. Los techos derrumbados crean nuevas cámaras resonantes. La vegetación introduce materiales acústicos frescos. Las colonias de pájaros depositan sedimento sónico a través de sus llamadas, convirtiéndose en parte de la identidad en evolución del lugar.

Sitios como Portomouro marcan negociaciones complejas entre tradición y cambio, entre diseño humano y agencia ecológica. Tratando el sonido como evidencia arqueológica, este proyecto demuestra que el abandono no es ausencia: es transformación.

Escuchar las temporalidades superpuestas


La instalación sugiere que cada paisaje mantiene múltiples temporalidades simultáneamente: la geológica, la humana, la ecológica. Aprender a escuchar estos ritmos estratificados podría ofrecer nuevas formas de entender nuestras relaciones con el lugar, la memoria y el mundo más-que-humano que continuamente remoldea los espacios que buscamos controlar.

En una era de cambio ambiental y social acelerado, esta arqueología sónica ofrece metodologías que trabajan a través de la acumulación paciente más que de la revelación inmediata. El proyecto demuestra cómo escuchar puede excavar las capas invisibles del lugar, revelando cómo los paisajes acumulan significado a través de procesos acústicos que normalmente pasan desapercibidos.

Arqueoloxía da festa se presenta como un encuentro necesario entre arte contemporáneo e investigación científica, donde el campo de fiesta abandonado se convierte en un laboratorio para repensar nuestra relación con el tiempo, el espacio y las huellas que dejamos en el mundo.

La exposición permanecerá abierta hasta el 23 de noviembre de 2025 en el Museo Centro Gaiás de la Cidade da Cultura de Galicia.

Más información:

Proyecto PALCOS

Arqueoloxía da festa: Escavando os sedimentos sonoros do abandono

El proyecto rastrea mediante el sonido las huellas de un campo da festa abandonado.

Del 22 de octubre al 23 de noviembre, el Museo Centro Gaiás de la Cidade da Cultura de Galicia acoge “Arqueoloxía da festa”, una instalación multimodal que expande el concepto de prospección arqueológica. A través del sonido como herramienta principal, este proyecto de Matilde Meireles e Iñigo Sánchez-Fuarros revela las capas temporales ocultas de un campo da festa abandonado en Portomouro (Val do Dubra), donde los vestigios de celebraciones pasadas se entrelazan gradualmente con el mundo más-que-humano.

Cuando el silencio habla: sonidos de lo abandonado


¿Qué permanece cuando termina la fiesta? Esta pregunta aparentemente simple esconde múltiples capas de significado. Durante doce meses, un grupo de investigadoras del INCIPIT liderados por Matilde e Iñigo observó en el campo de fiesta de Portomouro, un espacio liminar que dejó de ser escenario de celebraciones para convertirse en territorio de negociación entre lo humano y lo natural.

El resultado final de esta investigación no se limita a documentar ruinas: rastrea sedimentos acústicos, esas huellas temporales que los paisajes guardan en forma de sonido. Combinando arqueología sónica con etnografía, el proyecto emplea técnicas de grabación extendida que trascienden los límites de la escucha cotidiana.

Una excavación tecnológica y sensorial


Al entrar en la instalación, los visitantes se encuentran con un bucle de vídeo generado mediante escaneo LiDAR, una tecnología de detección remota que mapea el espacio tridimensional a través de pulsos láser. Esta 'excavación' tecnológica documenta los gestos lentos de la transformación: cómo la naturaleza absorbe gradualmente las estructuras humanas, cómo los límites se vuelven porosos, cómo lo abandonado muta en algo nuevo.

Pero la verdadera riqueza sensorial reside en el sistema de audio de cuatro canales que rodea al visitante. El paisaje sonoro se mueve fluidamente entre grabaciones de campo reconocibles —canto de pájaros, rumor de coches, agua corriente— y texturas sónicas abstractas capturadas mediante métodos de grabación extendida. Micrófonos de contacto presionados contra hormigón en ruinas grabaron vibraciones estructurales que revelan la vida interna de los materiales en decadencia. Geófonos enterrados en el suelo captaron movimientos subsuperficiales, mientras que hidrófonos sumergidos en el río Tambre documentaron la vida acuática reclamando canales alterados por los humanos.

Antenas VLF y sensores electromagnéticos captaron señales invisibles que atraviesan constantemente el espacio, y detectores de murciélagos sonificaron los movimientos de estos animales nocturnos, añadiendo una dimensión ultrasónica al paisaje acústico del abandono.

Estos sonidos enredados y coexistentes se despliegan lentamente, con patrones de interferencia electromagnética que se convierten en frases rítmicas, mientras el viento en el metal forma un zumbido suave en constante evolución.

La materia como memoria


Estratificada con esta arqueología sónica, la instalación incluye un vídeo que documenta la transformación del lugar a lo largo del año de observación. Las imágenes revelan la notable agencia de las fuerzas no humanas: cómo la vegetación suaviza rápidamente los bordes arquitectónicos, cómo los hongos establecen relaciones complejas con materiales humanos, cómo las inundaciones estacionales redibujan los límites entre lo construido y lo natural.

Los artefactos físicos recuperados del lugar —viejas botellas de refrescos y cerveza, retazos de telas y plásticos que resuenan como huellas de celebraciones pasadas— anclan la experiencia en la evidencia material, dialogando con los testimonios de vecinas y vecinos que construyeron y vivenciaron el campo de fiesta. Estos objetos no ilustran la decadencia: demuestran cómo la materia misma se convierte en una forma de almacenamiento de memoria.

La destrucción como proceso creativo


Arqueoloxía da festa pregunta qué podemos aprender escuchando atentamente lugares abandonados. El trabajo abraza el concepto de «destrucción productiva»: cómo la ruina disuelve formas originales mientras genera otras nuevas. A medida que las estructuras se deterioran, sus propiedades acústicas se transforman. Los techos derrumbados crean nuevas cámaras resonantes. La vegetación introduce materiales acústicos frescos. Las colonias de pájaros depositan sedimento sónico a través de sus llamadas, convirtiéndose en parte de la identidad en evolución del lugar.

Sitios como Portomouro marcan negociaciones complejas entre tradición y cambio, entre diseño humano y agencia ecológica. Tratando el sonido como evidencia arqueológica, este proyecto demuestra que el abandono no es ausencia: es transformación.

Escuchar las temporalidades superpuestas


La instalación sugiere que cada paisaje mantiene múltiples temporalidades simultáneamente: la geológica, la humana, la ecológica. Aprender a escuchar estos ritmos estratificados podría ofrecer nuevas formas de entender nuestras relaciones con el lugar, la memoria y el mundo más-que-humano que continuamente remoldea los espacios que buscamos controlar.

En una era de cambio ambiental y social acelerado, esta arqueología sónica ofrece metodologías que trabajan a través de la acumulación paciente más que de la revelación inmediata. El proyecto demuestra cómo escuchar puede excavar las capas invisibles del lugar, revelando cómo los paisajes acumulan significado a través de procesos acústicos que normalmente pasan desapercibidos.

Arqueoloxía da festa se presenta como un encuentro necesario entre arte contemporáneo e investigación científica, donde el campo de fiesta abandonado se convierte en un laboratorio para repensar nuestra relación con el tiempo, el espacio y las huellas que dejamos en el mundo.

La exposición permanecerá abierta hasta el 23 de noviembre de 2025 en el Museo Centro Gaiás de la Cidade da Cultura de Galicia.

Más información:

Proyecto PALCOS