Cuando el turismo transforma el sonido de una ciudad

El turismo transforma los barrios que habita: sus edificios, sus comercios, sus habitantes... y también sus sonidos.

Iñigo Sánchez-Fuarros, investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT-CSIC), coordina un estudio sobre el impacto del turismo en los ambientes sonoros de Lisboa cuyos resultados acaban de publicarse en la revista Tourism Geographies. El trabajo está firmado junto a Daniel Malet Calvo (Universitat Rovira i Virgili), Daniel Paiva (Universidade de Lisboa) y Jordi Nofre (Universidade NOVA de Lisboa).

¿Qué escuchamos cuando paseamos por un barrio turístico? ¿Qué sonidos han desaparecido? ¿Cuáles han llegado para quedarse? Estas preguntas vertebran el artículo, que desarrolla el concepto de turistificación sonora para analizar cómo el turismo transforma los entornos sonoros urbanos.

Lisboa fue el laboratorio de esta investigación. Durante más de una década —entre 2012 y 2024— el equipo llevó a cabo trabajo de campo etnográfico en tres barrios emblemáticos: Alfama, Mouraria y el Bairro Alto. Tres barrios con historias distintas que comparten un protagonista común: el turismo masivo y sus efectos sobre la vida cotidiana de quienes los habitan.

El sonido como indicador del cambio urbano

Los investigadores parten de una premisa raramente explorada de forma sistemática: cuando un barrio se turistifica, cambia su sonoridad. No solo cambian sus edificios, sus comercios o sus habitantes. Cambia lo que suena en sus calles y en sus plazas.

La turistificación sonora define este proceso como la sustitución o alteración progresiva del entorno sonoro propio de un lugar —ese ambiente que sus habitantes han producido y valorado colectivamente— por los sonidos generados por las actividades turísticas. El sonido se revela así como un indicador privilegiado de quién tiene poder en la ciudad: quién puede producir sonidos, quién puede suprimirlos y quién se ve obligado a soportar los de otros.

Tres mecanismos, tres barrios

La investigación identifica tres mecanismos distintos a través de los cuales opera la turistificación sonora.

1. Tematización sonora: el fado como producto en Alfama

Alfama fue durante generaciones el corazón popular del fado. Hasta hace no mucho, las casas de fado convivían con una escena local viva: tabernas y colectividades (asociaciones vecinales) donde el fado surgía de forma espontánea como expresión comunitaria.

La investigación revela una transformación radical. En 1994 se documentaban apenas cinco locales con actuaciones de fado en directo en el barrio. En 2016 eran 31. En 2024, el equipo identificó 45 establecimientos: un crecimiento multiplicado por nueve en tres décadas. Pero el cambio no es solo cuantitativo. El 75% de la clientela de muchos locales es turista; las casas de fado mantienen las puertas abiertas para atraer al transeúnte; el repertorio se adapta a lo que el visitante espera escuchar. Como describía un fadista profesional entrevistado durante el estudio, el fado pierde algo de su esencia cuando tiene que renunciar a sus registros más oscuros e íntimos para adaptarse al consumo turístico.

El resultado es paradójico: en Alfama se escucha más fado que nunca, pero ese fado ha perdido su función como expresión comunitaria. La tematización sonora no elimina el sonido local —lo convierte en producto, lo empaqueta, lo multiplica hasta crear una monocultura sonora. Paralelamente, han desaparecido las tabernas y asociaciones vecinales donde el fado vivía como práctica social arraigada y las vecinas y vecinos que sustentaban esa práctica.

2. Ecualización sonora: silenciar la diversidad en Martim Moniz

Hasta 2012, la Praça do Martim Moniz, en el barrio de Mouraria, tenía una sonoridad propia y heterogénea: la morna caboverdiana del quiosco Crioula do Martim Moniz, las campanas del tranvía 28, el bullicio de las comunidades inmigrantes que habían hecho de la plaza su lugar de encuentro, pero también los murmullos de una economía informal que las autoridades llevaban años intentando erradicar. Una ecología sonora inseparable de las tensiones sociales que la producían.

Ese año, el ayuntamiento concedió a una empresa privada la gestión del espacio bajo la forma del Mercado de Fusão: un mercado gastronómico orientado a turistas y residentes de perfil creativo. La transformación fue también sonora: se instaló un sistema de megafonía con música programada de forma continua —fado, reggae, músicas lusófonas, electrónica— desde las diez de la mañana hasta la medianoche. Una oferta de 'músicas del mundo' (world music) calibrada para el consumidor cosmopolita: exotismo sin asperezas, diversidad bajo control.

Lo que esa burbuja sonora hacía, en la práctica, era tapar todo aquello. Las comunidades inmigrantes que habían dado vida a la plaza quedaron desplazadas al perímetro; los usos más incómodos, directamente expulsados. La exclusión acústica y la exclusión física fueron de la mano: la apertura del mercado coincidió con la retirada de los tres quioscos de gestión comunitaria que habían sido el eje de esa vida sonora. El sonido programado no era solo entretenimiento —era el instrumento de una operación de limpieza urbana.

El mercado cerró en enero de 2019, y con él se apagó la música programada. La plaza recuperó gradualmente su dinámica anterior: los mismos sonidos que el mercado había filtrado volvieron a ocupar el espacio. La ecualización sonora opera de forma contingente —depende de condiciones económicas concretas— y cuando estas desaparecen, las comunidades excluidas recuperan su presencia sonora.

3. Nuevos ambientes turísticos: los pub crawls en el Bairro Alto

El tercer mecanismo describe la aparición de sonoridades enteramente nuevas, generadas por las prácticas de ocio de los visitantes. Los pub crawls —recorridos nocturnos organizados que llevan a grupos de turistas de bar en bar— son el ejemplo más llamativo. Los investigadores siguieron unos quince de estos recorridos entre marzo y septiembre de 2017.

Lo que documentaron fue la creación de 'burbujas sonoras móviles': esferas acústicas que se desplazan por el barrio, compuestas de conversaciones multilingües a gran volumen, cantos colectivos, silbatos y megáfonos. Estos grupos transitan por las mismas calles noche tras noche —principalmente la Rua da Atalaia y la Rua do Diário de Notícias—, donde la estrechez de las vías amplifica el sonido por reverberación.

A diferencia de los locales nocturnos, los pub crawls no respetan ninguna frontera entre el espacio de ocio y el residencial. Los vecinos soportan oleadas de ruido intenso entre las diez y las dos de la madrugada, con varios grupos pasando frente a sus ventanas en el mismo intervalo. Durante el trabajo de campo, los investigadores observaron a residentes asomándose a protestar o arrojando agua desde los balcones: gestos impotentes frente a una invasión sonora que se repite cada noche.

Sonido, poder y patrimonio urbano

Los tres casos apuntan a una conclusión común: la turistificación sonora no es solo una cuestión de volumen o molestia. Es una cuestión de poder. En Alfama, las instituciones empaquetan un sonido local hasta convertirlo en marca territorial. En Martim Moniz, una empresa privada decide qué sonidos merecen estar en el espacio público. En el Bairro Alto, los operadores turísticos obtienen beneficios de la intensificación sonora mientras los residentes cargan con sus costes.

En todos los casos, los sonidos de las comunidades locales quedan subordinados a las preferencias e intereses del turismo, con consecuencias sobre la cohesión social, la identidad comunitaria y el bienestar de quienes viven en estos barrios.

La pregunta que un vecino del Bairro Alto planteó durante el trabajo de campo resume bien el problema: «Dicen que debemos agradecer el turismo, ¿pero cómo puedes estar agradecido cuando no puedes dormir?». Reconocer que el sonido de la ciudad no es un detalle secundario, sino una dimensión fundamental del patrimonio urbano y de la justicia social, es el primer paso para responderla. El siguiente es desarrollar instrumentos de política pública que permitan a las comunidades locales proteger sus entornos sonoros frente a la presión del turismo —una tarea que, según los autores, requiere tanto nuevas metodologías de investigación como mecanismos de participación ciudadana.

Referencia: Iñigo Sánchez-Fuarros, Daniel Malet Calvo, Daniel Paiva y Jordi Nofre (2026). «Sonic touristification and the transformation of Lisbon's urban ambiances». Tourism Geographies. DOI: 10.1080/14616688.2026.2635580

Financiación: Esta investigación ha sido financiada por la Fundação para a Ciência e Tecnologia (FCT), proyecto 'Sounds of Tourism' (PTDC/ART-PER/32417/2017), y por el Ministerio de Ciencia e Innovación / Agencia Estatal de Investigación / Fondo Social Europeo (proyecto PID2020-118696RB-I00).

Cuando el turismo transforma el sonido de una ciudad

El turismo transforma los barrios que habita: sus edificios, sus comercios, sus habitantes... y también sus sonidos.

Iñigo Sánchez-Fuarros, investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio (INCIPIT-CSIC), coordina un estudio sobre el impacto del turismo en los ambientes sonoros de Lisboa cuyos resultados acaban de publicarse en la revista Tourism Geographies. El trabajo está firmado junto a Daniel Malet Calvo (Universitat Rovira i Virgili), Daniel Paiva (Universidade de Lisboa) y Jordi Nofre (Universidade NOVA de Lisboa).

¿Qué escuchamos cuando paseamos por un barrio turístico? ¿Qué sonidos han desaparecido? ¿Cuáles han llegado para quedarse? Estas preguntas vertebran el artículo, que desarrolla el concepto de turistificación sonora para analizar cómo el turismo transforma los entornos sonoros urbanos.

Lisboa fue el laboratorio de esta investigación. Durante más de una década —entre 2012 y 2024— el equipo llevó a cabo trabajo de campo etnográfico en tres barrios emblemáticos: Alfama, Mouraria y el Bairro Alto. Tres barrios con historias distintas que comparten un protagonista común: el turismo masivo y sus efectos sobre la vida cotidiana de quienes los habitan.

El sonido como indicador del cambio urbano

Los investigadores parten de una premisa raramente explorada de forma sistemática: cuando un barrio se turistifica, cambia su sonoridad. No solo cambian sus edificios, sus comercios o sus habitantes. Cambia lo que suena en sus calles y en sus plazas.

La turistificación sonora define este proceso como la sustitución o alteración progresiva del entorno sonoro propio de un lugar —ese ambiente que sus habitantes han producido y valorado colectivamente— por los sonidos generados por las actividades turísticas. El sonido se revela así como un indicador privilegiado de quién tiene poder en la ciudad: quién puede producir sonidos, quién puede suprimirlos y quién se ve obligado a soportar los de otros.

Tres mecanismos, tres barrios

La investigación identifica tres mecanismos distintos a través de los cuales opera la turistificación sonora.

1. Tematización sonora: el fado como producto en Alfama

Alfama fue durante generaciones el corazón popular del fado. Hasta hace no mucho, las casas de fado convivían con una escena local viva: tabernas y colectividades (asociaciones vecinales) donde el fado surgía de forma espontánea como expresión comunitaria.

La investigación revela una transformación radical. En 1994 se documentaban apenas cinco locales con actuaciones de fado en directo en el barrio. En 2016 eran 31. En 2024, el equipo identificó 45 establecimientos: un crecimiento multiplicado por nueve en tres décadas. Pero el cambio no es solo cuantitativo. El 75% de la clientela de muchos locales es turista; las casas de fado mantienen las puertas abiertas para atraer al transeúnte; el repertorio se adapta a lo que el visitante espera escuchar. Como describía un fadista profesional entrevistado durante el estudio, el fado pierde algo de su esencia cuando tiene que renunciar a sus registros más oscuros e íntimos para adaptarse al consumo turístico.

El resultado es paradójico: en Alfama se escucha más fado que nunca, pero ese fado ha perdido su función como expresión comunitaria. La tematización sonora no elimina el sonido local —lo convierte en producto, lo empaqueta, lo multiplica hasta crear una monocultura sonora. Paralelamente, han desaparecido las tabernas y asociaciones vecinales donde el fado vivía como práctica social arraigada y las vecinas y vecinos que sustentaban esa práctica.

2. Ecualización sonora: silenciar la diversidad en Martim Moniz

Hasta 2012, la Praça do Martim Moniz, en el barrio de Mouraria, tenía una sonoridad propia y heterogénea: la morna caboverdiana del quiosco Crioula do Martim Moniz, las campanas del tranvía 28, el bullicio de las comunidades inmigrantes que habían hecho de la plaza su lugar de encuentro, pero también los murmullos de una economía informal que las autoridades llevaban años intentando erradicar. Una ecología sonora inseparable de las tensiones sociales que la producían.

Ese año, el ayuntamiento concedió a una empresa privada la gestión del espacio bajo la forma del Mercado de Fusão: un mercado gastronómico orientado a turistas y residentes de perfil creativo. La transformación fue también sonora: se instaló un sistema de megafonía con música programada de forma continua —fado, reggae, músicas lusófonas, electrónica— desde las diez de la mañana hasta la medianoche. Una oferta de 'músicas del mundo' (world music) calibrada para el consumidor cosmopolita: exotismo sin asperezas, diversidad bajo control.

Lo que esa burbuja sonora hacía, en la práctica, era tapar todo aquello. Las comunidades inmigrantes que habían dado vida a la plaza quedaron desplazadas al perímetro; los usos más incómodos, directamente expulsados. La exclusión acústica y la exclusión física fueron de la mano: la apertura del mercado coincidió con la retirada de los tres quioscos de gestión comunitaria que habían sido el eje de esa vida sonora. El sonido programado no era solo entretenimiento —era el instrumento de una operación de limpieza urbana.

El mercado cerró en enero de 2019, y con él se apagó la música programada. La plaza recuperó gradualmente su dinámica anterior: los mismos sonidos que el mercado había filtrado volvieron a ocupar el espacio. La ecualización sonora opera de forma contingente —depende de condiciones económicas concretas— y cuando estas desaparecen, las comunidades excluidas recuperan su presencia sonora.

3. Nuevos ambientes turísticos: los pub crawls en el Bairro Alto

El tercer mecanismo describe la aparición de sonoridades enteramente nuevas, generadas por las prácticas de ocio de los visitantes. Los pub crawls —recorridos nocturnos organizados que llevan a grupos de turistas de bar en bar— son el ejemplo más llamativo. Los investigadores siguieron unos quince de estos recorridos entre marzo y septiembre de 2017.

Lo que documentaron fue la creación de 'burbujas sonoras móviles': esferas acústicas que se desplazan por el barrio, compuestas de conversaciones multilingües a gran volumen, cantos colectivos, silbatos y megáfonos. Estos grupos transitan por las mismas calles noche tras noche —principalmente la Rua da Atalaia y la Rua do Diário de Notícias—, donde la estrechez de las vías amplifica el sonido por reverberación.

A diferencia de los locales nocturnos, los pub crawls no respetan ninguna frontera entre el espacio de ocio y el residencial. Los vecinos soportan oleadas de ruido intenso entre las diez y las dos de la madrugada, con varios grupos pasando frente a sus ventanas en el mismo intervalo. Durante el trabajo de campo, los investigadores observaron a residentes asomándose a protestar o arrojando agua desde los balcones: gestos impotentes frente a una invasión sonora que se repite cada noche.

Sonido, poder y patrimonio urbano

Los tres casos apuntan a una conclusión común: la turistificación sonora no es solo una cuestión de volumen o molestia. Es una cuestión de poder. En Alfama, las instituciones empaquetan un sonido local hasta convertirlo en marca territorial. En Martim Moniz, una empresa privada decide qué sonidos merecen estar en el espacio público. En el Bairro Alto, los operadores turísticos obtienen beneficios de la intensificación sonora mientras los residentes cargan con sus costes.

En todos los casos, los sonidos de las comunidades locales quedan subordinados a las preferencias e intereses del turismo, con consecuencias sobre la cohesión social, la identidad comunitaria y el bienestar de quienes viven en estos barrios.

La pregunta que un vecino del Bairro Alto planteó durante el trabajo de campo resume bien el problema: «Dicen que debemos agradecer el turismo, ¿pero cómo puedes estar agradecido cuando no puedes dormir?». Reconocer que el sonido de la ciudad no es un detalle secundario, sino una dimensión fundamental del patrimonio urbano y de la justicia social, es el primer paso para responderla. El siguiente es desarrollar instrumentos de política pública que permitan a las comunidades locales proteger sus entornos sonoros frente a la presión del turismo —una tarea que, según los autores, requiere tanto nuevas metodologías de investigación como mecanismos de participación ciudadana.

Referencia: Iñigo Sánchez-Fuarros, Daniel Malet Calvo, Daniel Paiva y Jordi Nofre (2026). «Sonic touristification and the transformation of Lisbon's urban ambiances». Tourism Geographies. DOI: 10.1080/14616688.2026.2635580

Financiación: Esta investigación ha sido financiada por la Fundação para a Ciência e Tecnologia (FCT), proyecto 'Sounds of Tourism' (PTDC/ART-PER/32417/2017), y por el Ministerio de Ciencia e Innovación / Agencia Estatal de Investigación / Fondo Social Europeo (proyecto PID2020-118696RB-I00).