Cómo pasarse al lado oscuro

Hoy es muy fácil decir que trabajas en Humanidades Digitales, pero esto no siempre fue así

Hoy es muy fácil decir que trabajas en Humanidades Digitales. Hay congresos, convocatorias de proyectos, departamentos y publicaciones sobre este tema, y a nadie que conozca las Humanidades le costará reconocer que las Humanidades Digitales están de moda. Pero esto no siempre fue así. A comienzos de los 1990s, el personal administrativo del Departamento de Historia en el que yo trabajaba se extrañaba de que comprásemos ordenadores. En este artículo os voy a contar mi trayectoria profesional de los últimos 30 años, que también es la historia de cambios importantes en el sistema de ciencia en España y otros lugares.

Yo me licencié en Biología Fundamental en Santiago de Compostela en 1990. Me interesaban la bioquímica, la genética y el metabolismo celular. Al mismo tiempo, me fascinaban los ordenadores, que habían comenzado a hacerse populares en España pocos años antes. Tanto era así, que comencé a aprender programación de forma autodidacta. En 1989, aún estudiando la carrera, desarrollé un sistema software para la captura, procesado y visualización de datos provenientes de peces en cultivo en piscifactorías, y fue entonces cuando descubrí la posibilidad y la potencia de aplicar la informática a campos distintos, como la biología en este caso. Con unos compañeros de clase, monté una empresa orientada al procesado de datos en ecología, que duró pocos meses pero nos enseñó muchas cosas. Cuando, dos meses tras licenciarme, salió anunciado un Máster en Electrónica Aplicada en la Escuela de Organización Industrial de Madrid, no lo dudé, y me matriculé de inmediato. Allí aprendí programación, arquitectura de sistemas e ingeniería de software de forma reglada. Compré y devoré más de cien libros sobre el tema, y comencé a pensar en cómo aplicar estos conocimientos a problemas interesantes. Tras terminar el Máster, en 1992, regresé a Santiago de Compostela, y un amigo me sugirió que contactase con un grupo del Departamento de Historia en la Universidad, porque estaban buscando a un informático. Hablé con un joven Felipe Criado Boado, director del grupo, y me sorprendió muchísimo que, en un Departamento de Humanidades, algo bastante ajeno para mí por aquel entonces, existiese la inquietud y la iniciativa de informatizar metodologías y técnicas de trabajo. Comencé a trabajar para ellos como técnico, pero antes de un año ya me habían convencido para que comenzase a hacerme preguntas de investigación sobre la aplicación de las tecnologías digitales a la arqueología. Debo decir que mi contacto con las Humanidades, que sucedió por inmersión directa y despiadada en un Departamento lleno de humanistas de inclinaciones claramente posmodernas, fue brutal pero enormemente fructífera. Siendo tan enorme la distancia entre la epistemología que yo traía conmigo (como biólogo e informático) y la que reinaba en el Departamento, pronto observé que ambas se veían muy beneficiadas de este contacto y esta hibridación. Cuando, en 1995, Felipe Criado me propuso embarcarme en una tesis doctoral sobre aplicaciones informáticas a la arqueología, tuve claro que la investigación transdisciplinar era la única manera de conseguir avanzar el estado del arte en ambos campos, tanto en arqueología como en informática.

En el año 2000 defendí mi tesis, y acepté un empleo como analista de sistemas informáticos en la Administración autonómica. Era la única manera que encontré de poder ganarme la vida y, al mismo tiempo, poder seguir dedicándome a formarme por mi cuenta por las tardes. Esto me permitió obtener un grado de informática a distancia en The Open University, y desarrollar el Sistema de Información Arqueológica (SIA+), una herramienta software que utilizaron más de 100 personas a lo largo de 25 años y que, a duras penas, hoy sigue funcionando. Más o menos por aquel entonces, monté una empresa bajo el paraguas de la Universidad de Santiago de Compostela, que fue seleccionada entre las mejores para recibir soporte y asesoría gratuitos. El propósito de la empresa era comercializar el SIA+ y otros resultados de investigación en informática aplicada a la arqueología. No tuvimos éxito en esto, aunque conseguimos liderar dos proyectos de investigación e innovación empresarial en el mundo del software para Humanidades, y creamos la metodología OPEN/Metis de desarrollo de software, que hoy seguimos aplicando.

A finales de 2001, Brian Henderson-Sellers, director de uno de los grupos de investigación en ingeniería de software más prestigiosos del mundo, me contactó desde la University of Technology Sydney (UTS), en Australia, para invitarme a que me presentara a una plaza posdoctoral que acababan de convocar, ya que nuestros desarrollos en metodologías de desarrollo de software encajaban muy bien con lo que buscaban. Tras pensarlo un poco, decidí apostar por ello y me presenté a la plaza. La gané, de modo que dejé la empresa en manos de un compañero y me fui a vivir a Sídney. Allí inventé el “patrón de powertype”, un dispositivo conceptual en el que más tarde se basaría el estándar internacional ISO/IEC 24744 para metodologías de desarrollo, que coedité junto con Brian. Pasé cuatro años en la UTS, haciendo investigación puntera en metodologías de desarrollo, sistemas multiagente y mejora de procesos. Mi pareja trabajaba en la New South Wales Heritage Office, de modo que tuve ocasión de ensayar algunos de mis avances mediante su aplicación a problemas patrimoniales. De este modo, conseguí mantenerme cercano a las Humanidades mientras investigaba en ingeniería.

A mediados de 2005, me contactaron del European Software Institute en Bilbao, una fundación privada hoy integrada en Tecnalia, para ofrecerme un puesto de director de proyectos de investigación. Dado que Australia comenzaba un periodo de crisis económica fuerte, con graves repercusiones en la comunidad investigadora, decidí aceptarlo, y pasé dos años en Bilbao concibiendo, diseñando y liderando proyectos de investigación en el área de la ingeniería de software. Establecí muchos contactos en Europa y el resto del mundo, y conseguí una experiencia muy útil en la organización y gestión de grandes grupos distribuidos de personas. También continué con mi trabajo voluntario en ISO, la Organización Internacional de Estandarización, siendo vocal de AENOR (más tarde UNE), la institución española de normas y estándares.

A mediados de 2007, sin embargo, y por razones personales, volví a Santiago de Compostela, donde dediqué unos meses entre trabajos para escribir y publicar un libro sobre metamodelado con mi anterior jefe Brian Henderson-Sellers. A finales de ese año salió convocada una plaza de Científico Titular para el CSIC en el campo de las tecnologías informáticas aplicadas a la arqueología, mostrando el auge incipiente de las Humanidades Digitales. Gané la plaza y en 2008 me incorporé al CSIC.

Durante los primeros años como investigador de plantilla del CSIC, me centré en construir una infraestructura material y de recursos para el trabajo que pretendía hacer: desarrollar las teorías, metodologías y tecnologías necesarias para comprender cómo se genera y comunica conocimiento sobre patrimonio cultural. Puse en marcha un Laboratorio de Informática virtualizado y supervisé a un pequeño equipo de desarrolladoras de software para construir algunos sistemas incipientes. En torno a 2012 comienzan a hacerse populares las Humanidades Digitales en las áreas de patrimonio cultural y arqueología. La asociación Computer Applications in Archaeology (CAA), que yo ya conocía desde 1997 a través de sus congresos anuales, me elige miembro de su steering committee en el congreso de Pekín en 2011, y comienzo a involucrarme de forma directa y más intensa en la gestión y promoción de la investigación en Humanidades Digitales.

En 2014 comenzamos el proyecto MARIOL “Patrimonio 2.0: Modelos Abstractos de Referencia para Información en Patrimonio Cultural”, financiado por el Plan Nacional de I+D+i. A lo largo de este proyecto producimos dos de los resultados de investigación más importantes para nosotros de los últimos años: la ontología del patrimonio cultural CHARM (Cultural Heritage Abstract Reference Model), y el lenguaje de modelado conceptual ConML, especialmente orientado a las Humanidades y Ciencias Sociales. Estos dos resultados, desde entonces, han funcionado como infraestructuras para múltiples desarrollos y avances. Por ejemplo, el sistema KaleidoScapes, dedicado a la educación patrimonial en alumnos de Educación Secundaria, se basa en ellos, así como los más recientes proyectos ACME “Patrimonio 3.0: Modelado Argumentativo y Conceptual para la Mejora de la Participación y las Políticas de Gestión en Patrimonio Cultural”, financiado por la AEI y centrado en el análisis argumental de discursos patrimoniales, o el mismo “COVID19 en español: investigación interdisciplinar sobre terminología, temáticas y comunicación de la ciencia”, financiado por la Presidencia del CSIC.

Además de esta línea de trabajo, centrada en la representación del conocimiento patrimonial, mantengo otra relacionada con las metodologías de desarrollo. En este sentido, hemos desarrollado un repositorio metodológico sobre arqueología estudiando las técnicas y enfoques de numerosos agentes europeos que trabajan en este campo, dentro del proyecto ARIADNE “Advanced Research Infrastructure for Archaeological Dataset Networking in Europe” financiado por FP7-INFRASTRUCTURES. También hemos creado la primera implementación software de la norma ISO/IEC 24744 en un contexto de Humanidades mediante el desarrollo del sistema Cabila, un “juego” para la generación colaborativa de conocimiento relacionado con prácticas sociales, dentro del proyecto “Patrimonio cultural de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal: Valoración e Innovación” financiado por EP-INTERREG V.

Durante estos trabajos, en 2019, fui elegido vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Internacional de Humanidades Digitales Hispánicas, y vicepresidente en 2021. También he sido nombrado managing editor del Journal of Computer Applications in Archaeology y presidente de Círculo Escéptico, una asociación nacional dedicada al fomento del pensamiento crítico y la cultura científica. Todo esto no hubiese sido posible sin el apoyo de una red de colegas y colaboradores que trabajan conmigo de forma habitual: Patricia, Martín, Ruth, Beatriz, Leticia, Maria Elena y otras personas son también responsables de la trayectoria que describo aquí.

Mis objetivos actuales se centran en el desarrollo de una red de conocimiento argumental sobre patrimonio cultural, que permita comprender cómo distintos agentes razonan sobre el patrimonio, cómo aquello que consideramos patrimonio llega a serlo, y cómo estos discursos se sostienen, critican y cambian a lo largo del tiempo. Para alcanzar este objetivo, además de utilizar infraestructuras que ya existen, como ConML o CHARM, estamos desarrollando un nuevo aparato teórico y metodológico, que tentativamente llamamos IAT/ML, así como algunas herramientas software, que permitirán conectar diferentes discursos de agentes diversos con una representación del mundo al que aluden, para poder así realizar un análisis intertextual riguroso y potente.

He llegado al mundo de las Humanidades desde la informática, y eso me convierte en un investigador atípico, porque casi todas las personas que trabajan en Humanidades Digitales tienen una formación humanística complementada con ciertas nociones sobre tecnologías digitales. Mi caso es el contrario. A lo largo de los últimos 30 años, he intentado aportar mis conocimientos y experiencias en ingeniería de software al saber humanístico, y he visto, a lo largo de este proceso, como tanto las Humanidades como la ingeniería de software han avanzado a la par y cada una gracias a la otra. Es evidente que es necesario combinar áreas académicas dispares para que se beneficien de la transdisciplinariedad, pero es menos evidente que esto es así, sobre todo, cuando estas áreas son radicalmente distintas en sus concepciones del mundo. Solo de este modo logramos recuperar la enorme inversión, personal e institucional, que necesita la investigación transdisciplinar, ya que solo de este modo se enriquece cada disciplina con puntos de vista, experiencias y conocimientos que, de otro modo, le hubiesen resultado completamente ajenos e inalcanzables.

[Diagrama de Claire Padovani]