A principios del mes de junio, los vecinos y vecinas de Huergas de Babia recibían una invitación muy especial. Quienes las repartían eran los protagonistas de esta historia: los niños y niñas del CRA Babia, que ultimaban la presentación de uno de los proyectos en los que este dinámico colegio rural se ha visto involucrado en el último curso. Se trata de una ruta diseñada desde la escuela para explorar la historia, la memoria y el patrimonio local de Huergas, el lugar donde se sitúa el centro educativo.
Si tuviéramos que describir esta ruta escolar con tres palabras serían educación, patrimonio y comunidad. A partir de estas tres ideas clave se construyó un proyecto de educación patrimonial que integra investigación, divulgación y trabajo con la comunidad. Su objetivo es contribuir a la transformación social del territorio o, cuando menos, generar un impacto positivo en un contexto rural y montañoso que se enfrenta a grandes desafíos como la despoblación, el envejecimiento o la pérdida progresiva de servicios. La propuesta no puede entenderse de forma aislada, sino inmersa en un proyecto más amplio, el proyecto Cultur-Monts (Valorización de los paisajes culturales de montaña), del Programa Interreg SUDOE.Este proyecto, que busca desarrollar estrategias generales para revitalizar el territorio, entiende que la escuela, más allá de un espacio de transmisión de conocimientos es un agente vivo que puede y debe recuperar su sentido primigenio: el de transformar, inspirar y contribuir a la construcción de otros futuros posibles.Volviendo al 4 de junio, en el estreno público de la Ruta BabiLú participaron unas 60 personas, todo un éxito, especialmente si tenemos en cuenta las dimensiones del colegio (al que acuden un total de 30 niños y niñas de 0 a 12 años) y el tamaño del pueblo, con medio centenar de habitantes censados. A lo largo del recorrido, los niños y niñas guiaron al grupo por catorce puntos de Huergas, donde presentaron elementos del patrimonio cultural y natural del pueblo, compartieron testimonios y leyendas locales, y explicaron cómo las actividades tradicionales de la agricultura o la ganadería han contribuido a modelar el paisaje de Babia. De este modo, se convirtieron en los protagonistas de la difusión de su territorio; fueron ellos y ellas quienes narraron, interpretaron y divulgaron su patrimonio, uno de los objetivos principales de este proyecto escolar.
Hasta llegar a ese día, se recorrió un largo camino de trabajo previo en los dos últimos cursos y especialmente en los cuatro últimos meses: talleres temáticos, salidas de campo, recopilación de memoria oral y mucho trabajo en el aula con ayuda del profesorado. Transversalmente a todo ello, se fomentó el diálogo intergeneracional -otro de los objetivos del proyecto- para que los niños preguntaran y escucharan a sus mayores sobre su patrimonio, como forma de recuperarlo, resignificarlo, darle valor, y sobre todo como forma de fortalecer el vínculo con la comunidad local.
El día de la presentación fuimos testigos de los frutos de todo ese esfuerzo. Vecinos y vecinas, familias, profesorado, el equipo científico del INCIPIT-CSIC, otros miembros del consorcio Cultur-Monts, representantes de las corporaciones municipales y de la Reserva de la Biosfera de Babia (entidad con la colaboramos en el marco del proyecto BabiaxBiosfera), nos reunimos en un encuentro que, aun pudiendo parecer pequeño, tuvo un enorme significado: un proyecto desde la escuela había reunido a la comunidad local, las instituciones y el ámbito científico. Y esa reunión se dio alrededor de una mesa con comida compartida y de un stand con antiguas fotos y mapas que sirvieron para compartir recuerdos y conocimientos entre las personas de diferentes generaciones que allí estábamos.
Más allá del aula, también creemos que la Ruta BabiLú enriquece a la comarca, puesto que puede llegar a configurarse como un recurso turístico de interés para familias y personas interesadas en conocer Babia más allá de los atractivos habituales de las zonas de montaña (su biodiversidad, sus altas cumbres o su belleza natural), que no son accesibles para todo el mundo. Además de ser una forma de proyección externa de la comarca, amplificando la voz de quienes habitan el territorio.Queda trabajo por hacer, esta ruta no es algo cerrado sino un proceso dinámico y en construcción permanente, donde lo importante no es solo el resultado, sino también el camino recorrido de forma compartida: entre alumnado y profesorado, locales y foráneos, personas jóvenes y de edad avanzada. En el próximo curso se crearán nuevos recursos y exprimiremos las posibilidades didácticas que nos ofrece la información recopilada sobre el pueblo de Huergas. Además, visibilizaremos la Ruta BabiLú, volcando el recorrido y los datos de cada uno de los puntos de interés, en una aplicación móvil en el marco del proyecto SHARITAGE, a través del cual se continuará el trabajo iniciado con Cultur-Monts. Para nosotros, la Ruta BabiLú es un proyecto educativo modesto en su dimensión, pero muy importante en su significado, porque creemos que el futuro de estos territorios rurales de montaña no depende únicamente de grandes iniciativas, sino de algo más sencillo: el vínculo que las nuevas generaciones establecen con su tierra. Y si, con nuestro trabajo desde el INCIPIT, podemos aportar para que ese vínculo exista, se cuide y se comparta… entonces quizá desde el ámbito científico estemos contribuyendo a construir otros futuros más sostenibles y socialmente responsables. Y si os preguntáis el porqué del nombre ruta BabiLú, es el que escogieron África, Ainhara, Diana, Eire, Enol, Iván, Leire, Luna, María, Xenia y Vera, y como se denominan a ellos mismos por su procedencia de las comarcas de Babia y Luna. Gracias a todos ellos y a sus profesores Rocío y David, por la implicación, el esfuerzo y el tiempo compartido.