Una autohistoria del INCIPIT (y 7)

El efecto rebote: de Incipit a INCIPIT (2017 a 2023)

David Barreiro

18/01/2023

En noviembre de 2017, Rosa Menéndez es nombrada presidenta del CSIC, y se rodea de un nuevo equipo. A la hora de tomar la decisión sobre el futuro del Incipit, los nuevos responsables encuentran que los indicadores del instituto son sorprendentemente altos para las dificultades y estrecheces en que se desarrolla el trabajo, además de la dinámica de crecimiento sostenido. Esto lleva al Consejo Rector a tomar la decisión de consolidar el Incipit como instituto de pleno derecho, en noviembre de 2019, pasando a ser su acrónimo INCIPIT, con mayúscula. Felipe Criado es nombrado director, asumiendo la Vicedirección Cristina Sánchez, y la Jefatura de Departamento César Parcero.

Por lo tanto, tras un largo periplo, y muchas metamorfosis, el grupo logra así consolidar su identidad y ver garantizada su estabilidad a largo plazo. Y eso que la falta de espacio disponible, junto a los problemas ocasionados por la pandemia (que el trabajo a distancia solo mitiga en parte), hace que la gente tenga que compartir espacios, e incluso hacer turnos para ocupar los mismos. Pero seguimos siendo un equipo. Un síntoma de este espíritu de unión es la recuperación, en diciembre de 2019, y después de un largo paréntesis, del mítico torneo de futbolín, el prenavideño Waldo Vieira. Esto sucede justo antes de la eclosión de la pandemia de COVID-19.



Unos meses antes, en abril de 2019, se da la oportunidad de solucionar, por fin, el problema de la sede, y de hacerlo a un coste inferior al que implicaría la construcción del edificio propio del CSIC. Al CSIC se le brinda la oportunidad de ocupar una parte del futuro Edificio Fontán, proyectado por la Xunta de Galicia para reaprovechar las obras del Teatro de la Música, en la Cidade da Cultura, que habían sido paralizadas en 2011. Las obras del Edificio Fontán finalizan en 2021, y la nueva sede será ocupada en abril de 2022. El acompañamiento del entonces delegado institucional del CSIC en Galicia, Javier Rey, facilita el llevar a buen puerto el proyecto de mudanza.

Otro espaldarazo a la estabilidad viene dado por la llegada, al fin, de una persona para ocupar el puesto de gerente del INCIPIT, Alberto Álvarez, en mayo de 2020, en pleno confinamiento. Hasta este momento, la gerencia única (ocupada sucesivamente por Emilia Pérez, Carmen Tabernero y Manuel Barral), compartida entre los distintos institutos del CSIC de la ciudad, había servido para mantenernos en pie, aunque fuese a duras penas. Por un lado, ello fue posible gracias al esfuerzo de personal administrativo compartido con otros institutos, como Aurora Porto. Por otro lado, fue posible porque en 2018 se incorporó al Incipit la primera persona de administración adscrita al instituto, Chicho Torreiro, habilitado-pagador e incombustible lugarteniente de gerencia desde entonces.

No obstante, en 2020, un instituto en expansión, que ya cuenta con cerca de cincuenta personas en plantilla, se sustenta en el trabajo administrativo de dos personas fijas, más el auxilio de personal temporal en comisión de servicios (Merche Almuiña) o desde otras entidades del CSIC (Esther Morales). Sólo ahora, en el momento de escribir esta última pieza de la autohistoria, a principios de 2023, el INCIPIT ha logrado incorporar tres plazas más de personal de administración, que fortalecerán las capacidades de gestión en el futuro: Rosalía Gil, Nieves Alonso y Santiago Vieitez. A ellas se suma la incorporación de Alberto Seoane como responsable de recepción y seguridad: todo un símbolo de la conversión de un pequeño grupo de investigación universitario en un instituto científico con todas las de la ley, y del efecto rebote experimentado desde 2017, el año que vivimos peligrosamente al borde de un ataque de nervios.

Pero, mientras todos estos vaivenes administrativos y logísticos tienen lugar, el trabajo de investigación no se detiene. Durante estos años, por diversas vías, se mantiene una parte del personal doctor incorporado previamente (Pau Sureda, Andrés Currás, David González, Jaime Almansa). Otra buena parte de este personal posdoctoral finaliza su vínculo contractual (Cristina Tejedor, Ruy Llera, Jordi López, Lourdes Iniesta, Martín Pereira, João Fonte, Carlos Tejerizo, Cecilia Dal Zovo, Gail Higginbottom), pero mantiene lazos más o menos firmes con el INCIPIT. Y se producen una serie de incorporaciones que suponen una sucesiva ampliación de horizontes para el INCIPIT, comenzando por los horizontes arqueológicos.

Se abren nuevas vías de investigación en África, que, junto a las ya existentes (culturas minoritarias en Etiopía), convierten al INCIPIT en un centro de referencia en la Península Ibérica. En el Cuerno de África, con un proyecto ERC Starting Grant, StateHorn, de la mano de Jorge de Torres (que ganará una plaza de científico titular a finales de 2022) y varias incorporaciones vinculadas al mismo, entre personal técnico, predoctoral y doctor (Andreu Martínez, Manuel Antonio Franco –Muros-, Pablo Gutiérrez de León, Carolina Cornax, Fátima Rodríguez y Jorge Rouco) que pone el foco en la emergencia de las estructuras estatales en esta zona. Y, desde 2019, en Senegal, con la arqueología del paisaje de la región de Pathiana, dirigida por Sirio Canós, investigadora posdoctoral del programa MSCA.



Por otro lado, se consolidan las investigaciones en arqueometría, con la plaza de científico titular de Lois Armada (2021), la reciente incorporación de Lucía Pereira (programa RyC) y la de Daniela Reggio –programa posdoctoral GAIN- así como de personal técnico vinculado –María Gómez, Ángela Orosa-. También se afianzan la geoarqueología y el paleoambiente (con Noemí Silva –programa JCF- y Cruz Ferro -con plaza de titulado superior, en 2022-), la astronomía cultural (César González–con plaza de científico titular ganada a finales de 2022- y Andrea Rodríguez–programa GAIN-) y la veterana arqueología del paisaje (con el acceso de Thibault Saintenoy, primero, y David González, después, al programa RyC, más el contrato posdoctoral GAIN de David García, y la incorporación de técnicos como Rodrigo González y Carlos Otero –éste, de vuelta también-).

La arqueología da además un salto cualitativo con un gran proyecto en cognición y materialidad: el proyecto ERC Synergy Grant de Felipe Criado, Material Minds, en colaboración con instituciones nacionales e internacionales, que implica la incorporación al INCIPIT de un equipo amplio de personal científico, técnico y de administración, a finales de 2022: Manuel Santos, Elena Lima (retornados los dos), Manuel Blanco, Arturo Valiño, Alba Fernández, María Silva, Jadranka Verdonkshot, Regina Zaghi y Jaime Almansa (reconvertido), y la previsión de nuevas incorporaciones en 2023.

La arqueología se refuerza también con una cantera de categoría: personal predoctoral como Cristina Incio y Víctor López, así como la llegada de una nueva plaza de ayudante de investigación (Álvaro Moreno). También en España la arqueología de la memoria y la antropología forense se ven reforzadas con la incorporación, a través del programa JCI, de personal doctor de prestigio, como Laura Muñoz, y personal predoctoral como Alejandro González, que robustecen la línea en arqueología del pasado contemporáneo iniciada en su momento por Alfredo G. Ruibal.

En paralelo, de la mano de Cristina Sánchez se sigue en la estela de las investigaciones antropológicas realizadas durante los años anteriores, en la cuestión vital de la participación pública en los procesos de patrimonialización, poniendo el foco en los cuidados del patrimonio y a través del patrimonio. Nuevos proyectos permiten una confluencia de perspectivas: HabitPat (codirigido por Cristina Sánchez e Íñigo Sánchez –antropólogo del programa RyC-) posibilita una aproximación a las memorias de barrio, del paisaje habitado, desde la antropología. La incorporación de Pablo García –programa MSCA- completa un potente equipo de antropología del patrimonio, en el que se integra nuevo personal predoctoral, como Paula Sánchez.



Y también las especialidades tecnológicas (geoespaciales y semánticas) se afianzan en la estrategia científica, con nuevo personal predoctoral (Beatriz Calderón, Andrea Solana) y doctoral (Leticia Tobalina -programa JCF- y Maria Elena Castiello -Research Fellow Swiss National Science Foundation-). Y con nuevos proyectos, como ACME (modelado argumentativo y conceptual para la mejora de la participación y las políticas de gestión en patrimonio cultural), HINTERLAND (reconociendo la actividad humana fuera de los castros de la Edad del Hierro del Noroeste ibérico mediante metodologías no invasivas) o el programa de investigación en sitios y objetos arqueológicos de la provincia de Pontevedra, lo que significa, además, un retorno al trabajo arqueológico enraizado en el territorio en que el INCIPIT, a pesar de su proliferación global, se sigue ubicando: Galicia.

Por todo lo expuesto hasta el momento, en ésta y en las anteriores piezas, es por lo que el INCIPIT se ha convertido en un espacio atractivo para la investigación. Personas procedentes de otras instituciones vienen a trabajar con nosotros, a veces por un largo tiempo; por ejemplo, a través del programa Margarita Salas (6 personas a día de hoy).

Y el potencial del INCIPIT sigue aumentando, no sólo por el crecimiento de la población investigadora. El traslado a la nueva sede implica un incremento considerable de este potencial, al contar con infraestructuras avanzadas (laboratorios y equipamientos para análisis arqueométricos y paleoambientales, así como de percepción visual) y con espacios para poder desarrollar servicios de cara al público (aula pública, planetario, tecnologías audiovisuales). Surge así la necesidad de organizar estas nuevas capacidades: a la investigación avanzada hay que añadirle una buena dosis de innovación organizacional, muchas veces motivada por las propias necesidades de gestión de un grupo humano que ha pasado, en treinta años, del estatus de jefatura al de proto-estado.



Este incremento de la complejidad conduce a la creación, por un lado, del servicio horizontal de apoyo a la investigación (SHAI), que integra diferentes funciones de gestión de la actividad científica (documentación e indicadores, justificación de proyectos, prevención de riesgos), que facilitan el engranaje entre las labores de investigación y de administración. Este servicio está formado por Teresa Neo (una veterana al frente), Raquel Sánchez -de vuelta -, Sonia García-Basanta y Mercedes Hambarchyan. Otros servicios también se refuerzan con la llegada de nuevas plazas, como la ocupada por Rubén Vuelta (otro retornado), sustento del Laboratorio de Etnografías Experimentales, dirigido por Íñigo Sánchez. Otros son mantenidos por gente vinculada al INCIPIT desde hace años, como Diseño Gráfico, por Anxo Rodríguez, o Tecnologías Geoespaciales, por Pastor Fábrega.

Por otro lado, la complejidad creciente también provoca la creación de una Unidad de Valorización (UVa), en 2017, formada por Elena Cabrejas y el autor de esta autohistoria. Su función es complementar el trabajo de investigación integrando en un mismo equipo las funciones de transferencia, formación, divulgación y comunicación. El lanzamiento real de la Unidad comienza a finales de 2022, con la incorporación de personal especializado en comunicación, divulgación y formación (Sonia García-Rodríguez, Yolanda Seoane y Rocío Varela, las tres retornadas), para prestar servicios al interior del instituto y, al mismo tiempo, liderar iniciativas transversales al mismo.

Como colofón a un año inolvidable para el INCIPIT tuvo lugar, el 15 de diciembre de 2022, una reedición del torneo Waldo Vieira, tras el parón de la pandemia, con gran éxito de participación y asistencia, incluyendo la celebración de una informal cena de navidad surtida por el emblemático bar O Rei do Bocadillo, famoso en toda la ciudad por sus deliciosos pollos asados.



De cara al futuro, los desafíos que encara el INCIPIT son múltiples y variados. Tienen que ver con la necesaria actualización de los objetivos globales y específicos de la estrategia científica y la relevancia de la investigación social y, en concreto, en patrimonio cultural, para el futuro. Hay que ser ambiciosos para ser relevantes. Y hay que tener conciencia de nuestro rol social para ser consecuentes.

Estos desafíos implican también diseñar un modelo de crecimiento sostenible para el instituto, así como afrontar la necesidad de garantizar unas condiciones de entorno saludable y solidario para las personas que trabajamos aquí, y con las que trabajamos desde aquí, a contracorriente de los modelos hegemónicos en la ciencia actual, basados en la competitividad extrema y el individualismo por encima de la comunidad. La revolución empieza en casa.

Una autohistoria del INCIPIT (y 7)

El efecto rebote: de Incipit a INCIPIT (2017 a 2023)

David Barreiro
18/01/2023

En noviembre de 2017, Rosa Menéndez es nombrada presidenta del CSIC, y se rodea de un nuevo equipo. A la hora de tomar la decisión sobre el futuro del Incipit, los nuevos responsables encuentran que los indicadores del instituto son sorprendentemente altos para las dificultades y estrecheces en que se desarrolla el trabajo, además de la dinámica de crecimiento sostenido. Esto lleva al Consejo Rector a tomar la decisión de consolidar el Incipit como instituto de pleno derecho, en noviembre de 2019, pasando a ser su acrónimo INCIPIT, con mayúscula. Felipe Criado es nombrado director, asumiendo la Vicedirección Cristina Sánchez, y la Jefatura de Departamento César Parcero.

Por lo tanto, tras un largo periplo, y muchas metamorfosis, el grupo logra así consolidar su identidad y ver garantizada su estabilidad a largo plazo. Y eso que la falta de espacio disponible, junto a los problemas ocasionados por la pandemia (que el trabajo a distancia solo mitiga en parte), hace que la gente tenga que compartir espacios, e incluso hacer turnos para ocupar los mismos. Pero seguimos siendo un equipo. Un síntoma de este espíritu de unión es la recuperación, en diciembre de 2019, y después de un largo paréntesis, del mítico torneo de futbolín, el prenavideño Waldo Vieira. Esto sucede justo antes de la eclosión de la pandemia de COVID-19.



Unos meses antes, en abril de 2019, se da la oportunidad de solucionar, por fin, el problema de la sede, y de hacerlo a un coste inferior al que implicaría la construcción del edificio propio del CSIC. Al CSIC se le brinda la oportunidad de ocupar una parte del futuro Edificio Fontán, proyectado por la Xunta de Galicia para reaprovechar las obras del Teatro de la Música, en la Cidade da Cultura, que habían sido paralizadas en 2011. Las obras del Edificio Fontán finalizan en 2021, y la nueva sede será ocupada en abril de 2022. El acompañamiento del entonces delegado institucional del CSIC en Galicia, Javier Rey, facilita el llevar a buen puerto el proyecto de mudanza.

Otro espaldarazo a la estabilidad viene dado por la llegada, al fin, de una persona para ocupar el puesto de gerente del INCIPIT, Alberto Álvarez, en mayo de 2020, en pleno confinamiento. Hasta este momento, la gerencia única (ocupada sucesivamente por Emilia Pérez, Carmen Tabernero y Manuel Barral), compartida entre los distintos institutos del CSIC de la ciudad, había servido para mantenernos en pie, aunque fuese a duras penas. Por un lado, ello fue posible gracias al esfuerzo de personal administrativo compartido con otros institutos, como Aurora Porto. Por otro lado, fue posible porque en 2018 se incorporó al Incipit la primera persona de administración adscrita al instituto, Chicho Torreiro, habilitado-pagador e incombustible lugarteniente de gerencia desde entonces.

No obstante, en 2020, un instituto en expansión, que ya cuenta con cerca de cincuenta personas en plantilla, se sustenta en el trabajo administrativo de dos personas fijas, más el auxilio de personal temporal en comisión de servicios (Merche Almuiña) o desde otras entidades del CSIC (Esther Morales). Sólo ahora, en el momento de escribir esta última pieza de la autohistoria, a principios de 2023, el INCIPIT ha logrado incorporar tres plazas más de personal de administración, que fortalecerán las capacidades de gestión en el futuro: Rosalía Gil, Nieves Alonso y Santiago Vieitez. A ellas se suma la incorporación de Alberto Seoane como responsable de recepción y seguridad: todo un símbolo de la conversión de un pequeño grupo de investigación universitario en un instituto científico con todas las de la ley, y del efecto rebote experimentado desde 2017, el año que vivimos peligrosamente al borde de un ataque de nervios.

Pero, mientras todos estos vaivenes administrativos y logísticos tienen lugar, el trabajo de investigación no se detiene. Durante estos años, por diversas vías, se mantiene una parte del personal doctor incorporado previamente (Pau Sureda, Andrés Currás, David González, Jaime Almansa). Otra buena parte de este personal posdoctoral finaliza su vínculo contractual (Cristina Tejedor, Ruy Llera, Jordi López, Lourdes Iniesta, Martín Pereira, João Fonte, Carlos Tejerizo, Cecilia Dal Zovo, Gail Higginbottom), pero mantiene lazos más o menos firmes con el INCIPIT. Y se producen una serie de incorporaciones que suponen una sucesiva ampliación de horizontes para el INCIPIT, comenzando por los horizontes arqueológicos.

Se abren nuevas vías de investigación en África, que, junto a las ya existentes (culturas minoritarias en Etiopía), convierten al INCIPIT en un centro de referencia en la Península Ibérica. En el Cuerno de África, con un proyecto ERC Starting Grant, StateHorn, de la mano de Jorge de Torres (que ganará una plaza de científico titular a finales de 2022) y varias incorporaciones vinculadas al mismo, entre personal técnico, predoctoral y doctor (Andreu Martínez, Manuel Antonio Franco –Muros-, Pablo Gutiérrez de León, Carolina Cornax, Fátima Rodríguez y Jorge Rouco) que pone el foco en la emergencia de las estructuras estatales en esta zona. Y, desde 2019, en Senegal, con la arqueología del paisaje de la región de Pathiana, dirigida por Sirio Canós, investigadora posdoctoral del programa MSCA.



Por otro lado, se consolidan las investigaciones en arqueometría, con la plaza de científico titular de Lois Armada (2021), la reciente incorporación de Lucía Pereira (programa RyC) y la de Daniela Reggio –programa posdoctoral GAIN- así como de personal técnico vinculado –María Gómez, Ángela Orosa-. También se afianzan la geoarqueología y el paleoambiente (con Noemí Silva –programa JCF- y Cruz Ferro -con plaza de titulado superior, en 2022-), la astronomía cultural (César González–con plaza de científico titular ganada a finales de 2022- y Andrea Rodríguez–programa GAIN-) y la veterana arqueología del paisaje (con el acceso de Thibault Saintenoy, primero, y David González, después, al programa RyC, más el contrato posdoctoral GAIN de David García, y la incorporación de técnicos como Rodrigo González y Carlos Otero –éste, de vuelta también-).

La arqueología da además un salto cualitativo con un gran proyecto en cognición y materialidad: el proyecto ERC Synergy Grant de Felipe Criado, Material Minds, en colaboración con instituciones nacionales e internacionales, que implica la incorporación al INCIPIT de un equipo amplio de personal científico, técnico y de administración, a finales de 2022: Manuel Santos, Elena Lima (retornados los dos), Manuel Blanco, Arturo Valiño, Alba Fernández, María Silva, Jadranka Verdonkshot, Regina Zaghi y Jaime Almansa (reconvertido), y la previsión de nuevas incorporaciones en 2023.

La arqueología se refuerza también con una cantera de categoría: personal predoctoral como Cristina Incio y Víctor López, así como la llegada de una nueva plaza de ayudante de investigación (Álvaro Moreno). También en España la arqueología de la memoria y la antropología forense se ven reforzadas con la incorporación, a través del programa JCI, de personal doctor de prestigio, como Laura Muñoz, y personal predoctoral como Alejandro González, que robustecen la línea en arqueología del pasado contemporáneo iniciada en su momento por Alfredo G. Ruibal.

En paralelo, de la mano de Cristina Sánchez se sigue en la estela de las investigaciones antropológicas realizadas durante los años anteriores, en la cuestión vital de la participación pública en los procesos de patrimonialización, poniendo el foco en los cuidados del patrimonio y a través del patrimonio. Nuevos proyectos permiten una confluencia de perspectivas: HabitPat (codirigido por Cristina Sánchez e Íñigo Sánchez –antropólogo del programa RyC-) posibilita una aproximación a las memorias de barrio, del paisaje habitado, desde la antropología. La incorporación de Pablo García –programa MSCA- completa un potente equipo de antropología del patrimonio, en el que se integra nuevo personal predoctoral, como Paula Sánchez.



Y también las especialidades tecnológicas (geoespaciales y semánticas) se afianzan en la estrategia científica, con nuevo personal predoctoral (Beatriz Calderón, Andrea Solana) y doctoral (Leticia Tobalina -programa JCF- y Maria Elena Castiello -Research Fellow Swiss National Science Foundation-). Y con nuevos proyectos, como ACME (modelado argumentativo y conceptual para la mejora de la participación y las políticas de gestión en patrimonio cultural), HINTERLAND (reconociendo la actividad humana fuera de los castros de la Edad del Hierro del Noroeste ibérico mediante metodologías no invasivas) o el programa de investigación en sitios y objetos arqueológicos de la provincia de Pontevedra, lo que significa, además, un retorno al trabajo arqueológico enraizado en el territorio en que el INCIPIT, a pesar de su proliferación global, se sigue ubicando: Galicia.

Por todo lo expuesto hasta el momento, en ésta y en las anteriores piezas, es por lo que el INCIPIT se ha convertido en un espacio atractivo para la investigación. Personas procedentes de otras instituciones vienen a trabajar con nosotros, a veces por un largo tiempo; por ejemplo, a través del programa Margarita Salas (6 personas a día de hoy).

Y el potencial del INCIPIT sigue aumentando, no sólo por el crecimiento de la población investigadora. El traslado a la nueva sede implica un incremento considerable de este potencial, al contar con infraestructuras avanzadas (laboratorios y equipamientos para análisis arqueométricos y paleoambientales, así como de percepción visual) y con espacios para poder desarrollar servicios de cara al público (aula pública, planetario, tecnologías audiovisuales). Surge así la necesidad de organizar estas nuevas capacidades: a la investigación avanzada hay que añadirle una buena dosis de innovación organizacional, muchas veces motivada por las propias necesidades de gestión de un grupo humano que ha pasado, en treinta años, del estatus de jefatura al de proto-estado.



Este incremento de la complejidad conduce a la creación, por un lado, del servicio horizontal de apoyo a la investigación (SHAI), que integra diferentes funciones de gestión de la actividad científica (documentación e indicadores, justificación de proyectos, prevención de riesgos), que facilitan el engranaje entre las labores de investigación y de administración. Este servicio está formado por Teresa Neo (una veterana al frente), Raquel Sánchez -de vuelta -, Sonia García-Basanta y Mercedes Hambarchyan. Otros servicios también se refuerzan con la llegada de nuevas plazas, como la ocupada por Rubén Vuelta (otro retornado), sustento del Laboratorio de Etnografías Experimentales, dirigido por Íñigo Sánchez. Otros son mantenidos por gente vinculada al INCIPIT desde hace años, como Diseño Gráfico, por Anxo Rodríguez, o Tecnologías Geoespaciales, por Pastor Fábrega.

Por otro lado, la complejidad creciente también provoca la creación de una Unidad de Valorización (UVa), en 2017, formada por Elena Cabrejas y el autor de esta autohistoria. Su función es complementar el trabajo de investigación integrando en un mismo equipo las funciones de transferencia, formación, divulgación y comunicación. El lanzamiento real de la Unidad comienza a finales de 2022, con la incorporación de personal especializado en comunicación, divulgación y formación (Sonia García-Rodríguez, Yolanda Seoane y Rocío Varela, las tres retornadas), para prestar servicios al interior del instituto y, al mismo tiempo, liderar iniciativas transversales al mismo.

Como colofón a un año inolvidable para el INCIPIT tuvo lugar, el 15 de diciembre de 2022, una reedición del torneo Waldo Vieira, tras el parón de la pandemia, con gran éxito de participación y asistencia, incluyendo la celebración de una informal cena de navidad surtida por el emblemático bar O Rei do Bocadillo, famoso en toda la ciudad por sus deliciosos pollos asados.



De cara al futuro, los desafíos que encara el INCIPIT son múltiples y variados. Tienen que ver con la necesaria actualización de los objetivos globales y específicos de la estrategia científica y la relevancia de la investigación social y, en concreto, en patrimonio cultural, para el futuro. Hay que ser ambiciosos para ser relevantes. Y hay que tener conciencia de nuestro rol social para ser consecuentes.

Estos desafíos implican también diseñar un modelo de crecimiento sostenible para el instituto, así como afrontar la necesidad de garantizar unas condiciones de entorno saludable y solidario para las personas que trabajamos aquí, y con las que trabajamos desde aquí, a contracorriente de los modelos hegemónicos en la ciencia actual, basados en la competitividad extrema y el individualismo por encima de la comunidad. La revolución empieza en casa.